Los Dos
Antes de la sesión platicamos los tres. Me cuentan cómo son juntos — no cómo quieren salir, sino cómo son de verdad. Dónde se sienten ellos. Si eso es su casa, voy a su casa. Si es un lugar que les dice algo, vamos ahí. El lugar lo eligen ellos, porque la foto tiene que oler a ellos. El día de la sesión no hay indicaciones de cómo tomarse de la mano ni cómo mirarse. Solo los acompaño, platico con ellos, y espero el momento en que se olvidan de que estoy. Ese es el momento que me llevo.
No busco la foto bonita de la pareja. Busco la foto verdadera — la que en diez años van a ver y van a decir así éramos nosotros.
Tres días después reciben su QR con la galería completa, la revisan juntos con calma, eligen las que más los representan y las reciben en alta resolución.














